INTERVENCIÓN LOGOPÉDICA EN MASCULINIZACIÓN DE LA VOZ

Cuando emprendí la maravillosa labor de investigar y formarme para el entrenamiento de la voz en beneficio de la comunidad transgénero, no imaginaba la cantidad de conclusiones y lecciones de vida que recibiría diariamente. Sin duda alguna, el/la logopeda dedicado exclusivamente al tratamiento de la voz, debe tener un perfil determinado en el que la sensibilidad y la empatía deben estar presentes.

En esta ocasión, me gustaría puntualizar mi percepción sobre el proceso de masculinización de la voz, tanto a nivel emocional como técnico, así como de la propia intervención logopédica y la eficiencia e introducción de los ejercicios de tracto vocal semiocluido en dicho proceso. Intento evitar hablar del término “voz normal” con total certeza, pues considero que la voz está íntimamente ligada a las emociones, demandas y características personales de la persona. Un reflejo de nuestra personalidad e identidad que debe ser tratada con delicadeza, por ello me gusta ir más allá de los hertzios y ayudar a la persona a explorar su voz y buscar el vínculo que existe con el pensamiento, los aspectos corporales y la forma de comunicarnos, lo que dará confort y marcará una línea de trabajo eficaz en la intervención, que debe ser diseñada de una manera totalmente individualizada, pues no existen dos voces iguales.

A grandes rasgos, las metas logopédicas para hombres transgénero deben contemplar una disminución de la frecuencia fundamental, un cambio del gesto vocal y el habla, una disminución del aire durante la emisión, una entonación más monótona e incidir en cambios en el lenguaje verbal y no verbal. Trabajar la resonancia para conseguir una voz de impostación alta que facilite la emisión deberá ser también uno de nuestros objetivos junto con una correcta higiene vocal. Si existe sospecha de patología vocal, ésta debe ser previamente rehabilitada acompañada de una exploración y seguimiento por parte del médico otorrino.

En este caso en particular, hemos de ser conscientes de que el tratamiento hormonal incidirá en el timbre vocal disminuyéndolo, pero no ayudará a la laringe a adaptarse a esta nueva configuración ni dará la naturalidad buscada en el habla y la voz. La laringe femenina comprende una estructura laríngea distinta en cuanto al tamaño del tracto vocal, movilidad o masa se refiere, que siempre será mayor en el hombre. Ya hace 20 años que ciertos vocólogos concluyeron con la idea de que el alargamiento del tracto vocal mediante estrechamiento labial o fonación en tubo, producía un descenso de la frecuencia de todos los formantes. Este tipo de terapia pone a disposición una serie de ejercicios y tareas que logran armonizar todos los subsistemas involucrados en la emisión de la voz: resonancia, fonación y respiración, produciendo una sensación de facilidad y estabilidad vocal potenciada por características vibratorias. Las tareas fonatorias más indicadas serían el uso de tonos sostenidos, que iremos modificando y descendiendo según la capacidad de asimilación y facilidad de nuestro usuario, glissandos descendentes o acentos comprendidos entre los tonos sobre los que el terapeuta elige sensatamente trabajar. Este último aspecto destapa la idea de la importancia de la figura del terapeuta, que guiará, acompañará y prestará atención a cada modificación, pues los ejercicios por si solos, carentes de instrucción, no surtirán el mismo efecto, ni contribuirán de igual modo al cambio vocal. La práctica basada en la evidencia científica verifica un cambio inmediato en los parámetros acústicos de la voz, es decir un descenso de la frecuencia acompañado de un mejor control respiratorio y una mejor impostación. En resumen, dichos ejercicios de tracto vocal semiocluido son eficaces también en el proceso de masculinización de la voz en personas transgénero.

Dado que los servicios de voz y comunicación en la comunidad transgénero, la investigación y la formación por parte de logopedas apasionados por la voz continúan aumentando, debemos garantizar terapias eficaces, dinámicas y funcionales, provocando una buena adherencia al tratamiento y la generalización de los parámetros trabajados. Cirugías como, en este caso, la tiroplastia tipo III, deben esperar a un hipotético fracaso logopédico, mantenerse al margen y evitarse siempre y cuando existan resultados que mencionadas intervenciones logopédicas demuestran actualmente. Estudiar y evaluar cada caso con detenimiento, ofreciendo información sobre todas las alternativas posibles y sus consecuencias será nuestro deber como terapeutas.

DAMIÁN OSORIO

Logopeda

 

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